Un salto de fe

La vida, y especialmente en estos tiempos donde la velocidad de cambio se ha acelerado, si tiene algún denominador común este es precisamente la incertidumbre como consecuencia del enorme proceso de cambio. No hay nada permanente y debemos adaptarnos a este entorno en el cual no sabemos dónde fijar el siguiente paso. Y es aquí, en el momento en el que el siguiente paso a dar no está claro, cuando surge el miedo y la duda.

Sin embargo, y aunque a veces la duda tengo una connotación negativa, no siempre es así. Existe una duda beneficiosa, una duda que nos induce a investigar e indagar antes que a aceptar ciegamente. Pero una cosa es una duda que estimula y es constructiva y otra es la duda sistemática. Esta es la perjudicial. Se trata de una duda que te paraliza, una duda con la que la persona ni siquiera prueba y amparándose en dicha duda e incertidumbre da rienda suelta a la pasividad y la inercia.

Por ello, ante este tipo de duda nada mejor que la proactividad. La proactividad implica abandonar toda actitud pasiva para tomar las riendas de la propia vida y coger el toro por los cuernos. Supone dejar las excusas, las esperas y las ayudas de terceros y decidirse a actuar. Pero para ello, probablemente el primer paso que tengamos que dar sea en nuestra mente. El primer voto de confianza a nosotros mismos. La primera barrera a romper, nuestras propias creencias. Porque si no creemos que algo es posible, difícilmente lo será.

Por ello, cuando tengas dudas tu primer paso ha de ser mental, de fe en ti y en tu caso. Así es como encontrarás el camino, porqué quizás no estaba muy desencaminado Paulo Coelho cuando escribía en el Alquimista eso de: "Cuando deseas algo con toda tu fuerza el Universo entero conspira para que se haga realidad".

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