La actitud. Nuestra libertad

Nuestra actitud es nuestra primera y última libertad. Nuestras posibilidades de ser felices se acrecientan en el momento en el que nos reconocemos capaces de cambiar, primero a nosotros mismos y luego a las circunstancias que nos rodean. Y es que como decía Winston Churchill: "La actitud es una pequeña cosa que hace una gran diferencia" o dicho de otro modo "Tu actitud no tu aptitud es la que determinara tu altitud".

También es cierto que la posibilidad de cambiar las cosas solo es verdaderamente asumida cuando antes hemos asumido nuestra libertad, es decir, la capacidad de tomar una dirección u otra, de decir sí o no. Al mismo tiempo, uno no acepta verdaderamente ser libre si no acepta al mismo tiempo la responsabilidad para el ejercicio de esa libertad. 

La libertad no es una opción, aseguraba Sartre, no podemos dejar de ser libres. Lo que si podemos decidir es como ejercer esa libertad y cómo asimilar sus consecuencias. "Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco"

A su vez, Marco Aurelio, en sus Meditaciones exponía lo siguiente: "Si te afliges por una causa externa, no es ella la que te importa, sino el juicio que tú haces de ella. Y borrar este juicio de ti depende. Pero si te aflige algo que radica en tu disposición, ¿quién te impide rectificar tu criterio?"

En definitiva, es la actitud personal ante lo que nos pasa, y no lo que nos pasa, la que marca la diferencia.

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