¿Somos lo que comemos?

somos lo que comemos

La comida a lo largo del tiempo ha sido asociada en nuestra sociedad con muchos valores positivos como la amistad, el romance, la familia y la felicidad. Cuando estamos felices, decidimos salir a comer algo a un restaurante, cuando estamos tristes vamos a comprarnos un chocolate o unos bollos, cuando comenzamos a salir con una persona, o la queremos conquistar la invitamos a cenar o comer fuera. Entonces, si la comida es tan importante para nosotros a nivel social y a nivel sentimental, ¿somos lo que comemos?, o en realidad ¿somos como comemos?

Se han hechos estudios en el campo de la psicología de la nutrición, en los que se destaca que en la mayoría de los casos las dietas no funcionan porque no son adecuadas para la persona, y no solo  a nivel metabólico, sino a nivel emocional y en relación con el contexto en el que ha sido criado y las costumbres alimenticias de su familia.

Cuando comemos estando deprimidos o ansiosos, en general elegimos ingerir carbohidratos de absorción simple ya que estos nos proporcionan un subidón porque se convierten rápido en glucosa y eso conlleva un leve aumento de energía.

También, en el caso de estar deprimidos o ansiosos, puede ocurrir que comamos de forma inconsciente. Muchas personas siguen un plan de dieta y son capaces de describir de forma detallada en un diario, una aplicación en el móvil o un foro en internet qué han desayunado, que tomaron en su almuerzo y en la cena si la hicieron. Pero en general, estas comidas que se detallan consisten en opciones saludables y cantidades adecuadas que enloquecen a cualquiera que ve una dieta perfecta y no encuentra resultados en la balanza o en el espejo.

En este caso, la comida “inconsciente” es la que engorda, el picoteo entre el desayuno y el almuerzo, o las golosinas que comiste luego del almuerzo o luego de la cena. Debemos de tener en cuenta que cuidar la alimentación influye en nuestra salud, en nuestro aspecto físico y también en nuestro en nuestro estado de ánimo (mente) al favorecer los pensamientos positivos. Cuando la máquina del cuerpo no está engrasada es muy difícil tener una disposición optimista de la vida. Por el contrario, cuando uno se encuentra bien es más fácil verlo todo de otro color.

Comer sin hambre o comer apurado, también engorda. No tomar consciencia de que estamos comiendo y perder el hábito de una comida ordenada y pausada hace que luego busques sustitutos rápidos como las golosinas.  

Tratemos de recuperar el placer de comer, disfrutemos de nuestras comidas preferidas y no nos castiguemos con aquella comida que nos dicen que es sana si ésta nos hace infelices. En definitiva, somos como comemos y de eso depende en mayor medida nuestra salud. 

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