¿Por qué preocuparse?

preocuparse en exceso, preocuparse menos, preocuparse mucho

¿Qué hacer cuándo nos preocupamos en exceso?

Todo el mundo dice estar preocupado por alguna causa en un momento determinado. Es algo que forma parte de la vida cotidiana, incluso si alguien dice que nunca lo ha estado se le llega a tildar de poco responsable, vago, insensato…. Pero el tema de reflexión de hoy no es si te preocupas o no, sino la forma en que lo haces y que debemos de hacer en aquellos casos en los que el nivel de preocupación se llega a convertir en un problema en sí mismo.

Cuando surge un nuevo reto en tu vida o cuándo esta te obliga a salir de tu zona de confort ¿de qué forma lo afrontas? Lo cierto es que la mayoría de la gente cuando tiene que entrar en un terreno desconocido y aunque aparentemente éste no le suponga un gran reto, tienden a aumentarle los niveles de ansiedad y estrés a consecuencia del grado de preocupación para hacer frente a la nueva situación. En este sentido hemos de decir que preocuparse no es malo, de hecho tiene una función fundamental que es la de hallar posibles soluciones a lo que tienes delante, pero hacerlo de forma reiterativa y machaconamente no conlleva a nada positivo.

Si te preocupas en demasía ¿qué consigues? Pues darle vueltas y más vueltas al tema en cuestión, proyectar ideas sobre posibles futuros y de esta manera acabas tan enfrascado en el tema que solamente piensas, una y otra vez, quedándote quieto, paralizado y sin actuar. Con lo cual el problema no se resuelve y entras en un círculo vicioso. Ten claro que ningún problema se va a solucionar porque pienses, la solución no está en pensar (que también) sino en actuar.

Así pues preocuparte puede ser positivo, pero cuando se convierte en un pensamiento crónico sobre esa preocupación deja de serlo. Corrie ten Boom lo clarificaba muy bien cuando decía “la preocupación no elimina el dolor del mañana, sino que elimina la fuerza del hoy”. ¿En cuántas ocasiones has estado tan sumamente preocupado por algo que has dejado de actuar

Ningún momento de tu preocupación logró mejorar las cosas, porque una cosa es planificar, saber por dónde vas o por donde quieres ir, y otra es rumiar una y otra vez lo que va a ocurrir. Aquí lo importante es que entendamos que la clave se encuentra en actuar, o como diría Einstein "Sólo se encuentran respuestas en la acción". Y no nos confundamos, en la mayoría de los casos el mejor momento para empezar es ahora.

Por cierto, ¿te ha ocurrido alguna vez que cuánto más te preocupaste por algo al final se confirmaron tus peores sospechas? Te pongo un ejemplo, tienes que presentarte a unas pruebas y no las tienes todas contigo. Realmente estás preocupado, piensas una y otra vez que vas a fallar, que si no apruebas tu futuro se desquebrajará. Esta idea no se va de tu cabeza, y al final has acertado, sucede y fallas en las pruebas.  Bien, ahora tómate un respiro y pregúntate cuántas horas has dedicado a pensar todo eso y cuántas te has centrado realmente en los estudios; la respuesta la tienes ahí. Tu exceso de preocupación te ha llevado a actuar de una forma que se cumpliese lo que en el fondo esperabas de ti. Es como el cumplimiento de una profecía autocumplida. De hecho el teorema de W. I. Thomas dice “si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”. Recordemos el caso del efecto Pigmalión comentado en artículos anteriores.

A simple vista parece que lo lógico sería no pensar en ese tema recurrente que preocupa a uno; sin embargo estudios llevados a cabo por Daniel M. Wegner, psicólogo de Harvard, muestran que cuando las personas intentan no pensar en un tema específico, éste termina por aparecer una y otra vez en su mente provocando el efecto rebote. Y es que en cierta medida ese no querer pensar, es un no aceptar, y aquí también se cumple es máxima que reza, “lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. Por lo tanto, ante los problemas lo mejor que podemos hacer es aceptarlos. La vida está llena de incertidumbres y baches, pretender tener un camino perfectamente controlado y sin obstáculos no es posible, y a lo único a lo que conduce es a generar altos niveles de ansiedad y estrés.

Por su parte, el genial Dale Carnegie en uno de sus libros dedicado al disfrute de la vida, nos daba una serie de pautas que siguen en plena vigencia para afrontar los problemas de excesiva preocupación. Así nos decía:

·         Vive el presente. No cargues con excesivos problemas del ayer ni del mañana

·         Enfréntate al problema preguntándote ¿qué es lo peor que puede ocurrir?

·         Acéptalos y trata de mejorar partiendo de lo peor

·         Valora lo que la preocupación supone en tu vida personal.

A su vez, el Dalai Lama resume algunas de estas ideas en una frase sencilla pero con mucho fondo “Si el problema puede solucionarse, si la situación es tal que puedas hacer algo al respecto, entonces no hay necesidad de preocuparse. Si no puede arreglarse, entonces preocuparse no tiene utilidad alguna”.

Así pues más que preocuparse lo que tenemos que tener claro es que el éxito aquí, tal y como decía Thomas Henry Huxley, no está en saber sino en hacer.

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